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Carbonero ¿A dónde vas? 

A veces miramos y juzgamos sin saber el sacrificio y la historia que hay en cada persona. Detrás de cada uno, por más distinto que se vea a nosotros, hay otro humano con las mismas sensibilidades que, aunque no las exterioricen, en su interior afloran con fuerza.  Los carboneros a carro son parte de la historia de algunas comunidades de nuestro departamento Río Hondo.
3 min de lectura

En un carro, en caravana, en cualquier día de la semana, ahí va el carbonero… 

“Nacidos bajo el carro y sobre la carbonilla”. Así se define un hombre (*) de unos 70 y pico de años, de oficio carbonero. En otros tiempos realizaba a bordo de su carro un poco más de 200 kilómetros entre ida y vuelta, desde el sur del departamento Río Hondo (límite con el departamento Guasayán) hasta el centro de la provincia de Tucumán, que incluía un largo itinerario por varias localidades del sur y centro de esa provincia. 

“Un oficio duro”, relata, “pero que a la misma vez nos dio tantos amigos”. 

Desde la ciudad de Concepción para el sur no saben sus nombres, los conocen simplemente como “los santiagueños”, aunque si uno los escucha no tienen la tonada típica del que vive en el centro de la provincia de Santiago del Estero. Sin embargo, el hablar cansino, algunas muletillas, y unas pocas “S” ya son suficiente para diferenciarse del acento del tucumano. 

Según su testimonio, casi toda su vida transcurrió en ese oficio. “Desde chicos ayudábamos a nuestro padre en las parvas *(1) hasta que se han puesto de moda los hornos; empezamos con uno y llegamos a tener tres”, relata. 

“Hasta los 12 años más o menos casi no viajamos en el carro, eran varios días y no faltábamos a la escuela ¿Qué no? Y ya más después sí, ahí comenzamos a andar en los carros con el papá, el tío, hasta que compramos otro carro, y así”, aporta el carbonero. 

“El tema”, destaca, “ya teníamos más carros y solo tres hornos, entonces empezamos a comprar a otros vecinos que tenían parvas, y ya viajábamos más porque de donde somos nosotros nos íbamos varios kilómetros más a buscar carbón, casi no estábamos en la casa”. 

La educación secundaria en el interior santiagueño, como en casi todo el ámbito de la ruralidad argentina, era casi un privilegio, incluso hasta finales del siglo XX. 

Su vida, destaca, muchas veces transcurrió bajo el carro (referencia a que era usado como techo). “Llueva, haga frío o calor, teníamos que viajar porque de lo contrario no comíamos, y a veces nos agarraba temporada fea y nos quedábamos hasta más de quince días allá hasta que vendíamos todo y recién pegábamos la vuelta ¡Sino me habré engripado!”, aporta mientras muerde un palito recién cortado de una rama de algarrobo. 

“Una vida dura la del carbonero” acota, mientras suspira largamente. 

Mira un rato al horizonte mientras el sol comienza a bajar dejando ver la silueta del Aconquija *(2) y, con un tono un poco melancólico, suelta: “Lo más lindo era cuando venía mi papá de allá, traía caña de azúcar, o naranjas, alfeñiques *(3), miel de caña, y bueno, las cosas que se compraban para la casa, bolsas de harina, azúcar, todas esas cosas”. 

Patea la tierra con su alpargata gastada. No mira al entrevistador porque no quiere dejar ver la lágrima que le corre sobre la mejilla (tal vez aprendió que los hombres no deben llorar) y a paso lento con un palo en la mano se va caminando despacito por una senda entre los yuyos negros. Hace unos veinte metros, levanta el brazo izquierdo y agita la mano diciendo adiós, en silencio. Quizás los recuerdos han anudado su garganta.

Referencias:

(1) Parvas: hornos precarios donde la leña se incendia y se la cubre con tierra, pastos u otras malezas. También emplean ucle o quimiles para enfriarlas.

(2) Aconquija: es el sistema montañoso que se extiende en casi todo el límite oeste de la provincia de Tucumán con la provincia de Catamarca.

(3) Alfeñiques: caramelos realizados con el azúcar de caña.

* El carbonero (personaje) no es verídico, pero el relato sí reúne fragmentos de testimonios de quienes ejercieron ese oficio.

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Tags: Relato Río Hondo

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